lunes, 29 de septiembre de 2014

Casi Cuatro

No tengo palabras suficientes que puedan expresar el agradecimiento que le tengo. Él fue mi compañero por mucho tiempo, de ese tiempo que no se mide en horas o en meses. Él y yo tuvimos una vida juntos, bonita. Tuvimos dos hijos, una casa (varias casas), conciertos. Tuvimos amor.

No he podido llorar. No es que no quiera, deveras, solo no le he podido llorar. Es que no me siento en luto, ¿eso está mal? Porque la vida dura lo que tiene que durar y ya, y no se le llora a la belleza. Se le celebra.

Celebro entonces lo que me diste, Juan Pablo. Lo que nos dimos. Te amé como a nadie... y Octubre siempre será para nosotros.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Instagram

Me gusta ver al mundo con ojos de poesía. Se mira bonito con matices grises, blancos, negros; a veces lleno de colores. Es como la música, ¿me entiendes? Indescriptible... la sientes y ya. La vives. A todo volumen. A todo color ves entonces, a todo sentir como poesía.
Andas por ahí, buscando el cuadro perfecto. Inspirado, ya sabes. Cuando lo haces con desesperación tal vez pierdas un poco el enfoque, ¿ves? Es con calma. Como la música. Como la poesía. Te digo: es lo mismo, es arte.
Entonces: lo ves. Sacas la cámara. Le quitas el flash. Digo, no hay mucho qué hacer cuando tienes un maldito smartphone. Te detienes. Encuadras. Clic. Preview. Encuadras. Enfocas. Clic. Clic. Clic. Listo.
Ya tienes la pieza. Llegas a tu magic place (que puede ser cualquier lugar con Wi-Fi), abres el carrete y viene la mejor parte. Como el coro de tu canción, como la frase que subrayas en el libro de Fuentes: el filtro. Lo eliges: Lo-Fi, Amaro, 1977. Publicar.

domingo, 14 de septiembre de 2014

¿Qué hora es?

Ayer me dijeron que no parara de escribir. Lo he dejado, no completamente, pero lo he dejado. Es que a veces no pasa nada o pasa todo o pasa mucho pero nada que me haga sentir lo que ahora siento. Por eso dejo estas letras aquí hoy.

Soy una renegada de la culpa. Porque lo conocí y, a veces, de cerca quisiera estar más cerca de él. Él allá y yo acá... por ahora así está bien.

"Una copa de martini", dijo. "Mirando el negro mar", dijo.

Ay...

miércoles, 2 de julio de 2014

2008

Hoy recordé y sentí bonito. Es que cómo olvidar esas estrellas y ese vino; esas canciones y esos besos. Hoy te vi: de lejitos, de memoria.

A veces te me figuras a la mala hierba, ¿sabes? Y está bien, no es un cumplido pero seguro entiendes: te corto de tajo, de fondo, juro que no dejo rastro. Pero siempre vuelves. Es que cómo olvidar esas estrellas y ese vino; esas canciones y esos besos.

Solo así me haces sonreír. De lejitos, de memoria. Así está bien.

jueves, 24 de abril de 2014

Nocive Ribbon

Me gusta tu música. Yo solo tengo dos listones que ofrecerte a cambio. Uno azul, uno negro. Los uso contigo nada más porque entiendes que si quiero los hago nudo o moño o nada. Porque hago con ellos lo que me place. Son nuestros. Pero siempre más tuyos que míos.

Sigue cantándome.


lunes, 3 de junio de 2013

Eso, una idea.

Me recuerdas a Magritte, Interpol, un cigarro, al rocío de la mañana, a lo incorrecto, a lo incómodo, al poeta, la poetisa, una vela, una multa, a Bardem, al plástico, al chocolate, una manzana... y al vino.

Cuando me acuerdo de ti pienso en un gato, en Miró, una escalera, en Vallejo, en tus cosas. ¡Ay, tus cosas! Tus sorpresas, depresiones, vacío, dudas, soledad. Tan solo, tú.

Jajajaja. Qué estupidez. Debo dejar de recordarte. Recordarte, idea. Eso. Una idea.

lunes, 20 de mayo de 2013

Ya no fumo. Me odio por amarme tanto.

Ya no fumo, es terrible. Asomarme por la ventana de mi cuarto en medio de la noche ha dejado de tener sentido, tal vez deba dormir más. Eso ocurre, francamente. Duermo más. También respiro mejor... sufro cada vez que un fumador pasa a mi lado inhalando el delicioso éxtasis cancerígeno. Apesta a mierda, y yo lo único que quiero es apestar a mierda también.

Leer a Cortazar no es igual. Antes pausaba dramáticamente el hilo de la lectura por tirar la ceniza del pitillo, ahora, leo de corrido... faltan pausas. Tal vez Cortazar no es tan bueno después de todo.

Ya no fumo, es terrible. De verdad que extraño intoxicarme de a poquitos de camino a casa, escuchando a DFTPNK o tal vez a Empire of The Sun. Sea cual sea el soundtrack de mi andar, no es lo mismo sin nicotina.

No es que me queje, pero... ¿por qué mierdas dejé el cigarro si me hace tan feliz? Bueno, sí es queja. 

¿Reuniones con los amigos? Doloroso. Era un deleite tomarme una helada cerveza arruinada por el limón y la sal y acompañarla con bocanadas de humo. La charla solamente hacía cohesión con estos componentes y juntos formaban el maridaje perfecto. Ahora sólo pienso en eso. Es una obsesión.

Dejar de fumar ha sido la decisión que más ha perturbado mi vida. Ahora sólo queda esperar a que esta agonía por la abstinencia pase y pueda seguir a la ola de hippies que piensan que el cigarro daña mi cuerpo, cuando lo que más hacía era alimentar mi mente. 

Lo que uno hace por amor... a sí mismo. 


miércoles, 6 de marzo de 2013

Para la Chatita

El día que Agustina se murió yo no lloré. Alcé la bocina del teléfono y solo escuché hablar a mi padre. Tampoco sonreía, no importaba ya.

El día que Agustina se murió yo no lloré. Sueño con ella a menudo. Ella viene a verme, sabe que estoy bien y se va. Cuando ella me siente triste, me abraza, me hace sonreír, y de nuevo se va. Como hacía en vida.

Ella no fue muy cariñosa, ni me daba besito de buenas noches. Cuando niña, ella me cuidaba junto a Bernardo, mi hermano menor. Ambos estábamos a su cargo porque mi madre estaba en el hospital.

En las noches, Bernardo y yo abrazábamos la ropa de mi madre y, a veces, jugábamos a buscarla. Teníamos que ser muy cuidadosos porque Agustina nos vigilaba desde su mecedora. La espiábamos a través del ventanal que estaba en nuestra alcoba. Pensábamos que Agustina era un dragón que nos echaría flamas si descubría que nos estábamos escabullendo para encontrar a mi mamá. Pero la realidad era que Agustina jugaba también con nosotros. Rechinaba la mecedora para espantarnos... así podríamos comenzar de nuevo nuestra empresa en busca de la amada princesa.

El día que Agustina murió no llore. No la he llorado en 5 años. Es que sigue jugando conmigo, en mis sueños. 

Tal vez después de todo, murió para que Bernardo y yo pudiéramos encontrar a mamá.